NO ME DA LA VIDA LA AUTOEXIGENCIA

3 de julio de 2026

“No me da la vida” ¿Por qué sentimos que nunca llegamos a todo?

Probablemente hayas pronunciado esta frase alguna vez o la hayas escuchado a alguien de tu entorno. Vivimos con la sensación de ir siempre deprisa, de que el tiempo no alcanza y de que, por mucho que hagamos, siempre queda algo pendiente.


Pero ¿qué significaría "que te diera la vida"? 


Muchas veces, detrás de esa sensación no hay solo una agenda llena, sino una expectativa poco realista sobre todo lo que creemos que deberíamos ser capaces de hacer.


Trabajar, cuidar de la casa, responder mensajes, hacer ejercicio, mantener relaciones sociales, estar disponibles para nuestra familia, cuidarnos, formarnos, viajar etc. Y además hacerlo todo con energía, motivación y una sonrisa.


Muchas veces, estas expectativas no aparecen de forma consciente. Simplemente damos por hecho que deberíamos poder con todo. Y cuando la realidad no encaja con esa idea, en lugar de cuestionar si la expectativa era realista, solemos cuestionarnos a nosotros mismos. Es ahí donde la expectativa se transforma en autoexigencia: dejamos de pensar "hoy no he podido llegar a todo" para empezar a pensar "debería haber podido" o, incluso, "hay algo malo en mí si no puedo"..

Cuando el problema no es el tiempo, sino la exigencia

La autoexigencia no es, por sí misma, algo negativo. De hecho, en muchas ocasiones nos ayuda a comprometernos con nuestros objetivos, a esforzarnos y a crecer.

¿Cómo saber si la autoexigencia está dejando de ayudarte?


✓ Nunca sientes que es suficiente.

✓ Descansar te hace sentir culpable.

✓ Disfrutas muy poco de los logros porque ya estás pensando en el siguiente.

✓ Tu valor personal depende de lo productivo que hayas sido.

El problema aparece cuando deja de impulsarnos y se convierte en un obstáculo. Entonces ya no importa cuánto consigamos porque nunca parece ser suficiente.

  • Terminamos una tarea y, antes incluso de disfrutarla, nuestra mente ya está pensando en la siguiente. Alcanzamos una meta y enseguida aparece otra más alta. 
  • Descansamos unos minutos y aparece la culpa por no estar aprovechando el tiempo.
  • Poco a poco dejamos de medir nuestro bienestar por cómo nos sentimos y empezamos a medirlo únicamente por lo productivos que hemos sido.


Y esa es una carrera imposible de ganar. Porque no tiene una meta, siempre habrá alguien que haga más, o algo que mejorar, alguien que llegue más lejos o que parezca gestionar mejor su vida. 



La autoexigencia suele convertirse en un problema de forma gradual, casi sin que nos demos cuenta. Y vamos dejando de ser personas para convertirnos en una lista de tareas pendientes.

Cuando decir "sí" a todo es decirte "no" a ti

Muchas veces, esta exigencia aumenta cuando, además de intentar cumplir con todas nuestras responsabilidades, sentimos que también debemos cubrir constantemente las necesidades de los demás. Nos cuesta priorizarnos, reservar tiempo para nosotros o poner límites.


En consulta escucho con frecuencia una frase: "No sé decir que no." Sin embargo, suelo responder que quizá sí sabemos hacerlo. El problema es que, muchas veces, el "no" siempre va dirigido hacia la misma persona: nosotros mismos.


Cada vez que aceptamos una responsabilidad a costa de nuestro descanso, cada vez que priorizamos continuamente las necesidades de los demás mientras ignoramos las nuestras, nos estamos diciendo que no.


  • No a nuestro tiempo.
  • No a nuestro cuerpo.
  • No a nuestro bienestar.

Cada vez que dices "sí" a costa de ti mismo, quizá estés diciendo "no" a:


  • Tu descanso.
  • Tu salud.
  • Tu tiempo.
  • Tus necesidades.
  • Tu bienestar emocional.

Y esto suele ocurrir por miedo.


  • Miedo a decepcionar.
  • A parecer egoístas.
  • A que alguien se enfade.
  • A no cumplir con las expectativas de los demás.


Nos preocupa mucho abandonar a otras personas, pero prestamos mucha menos atención a las veces que nos abandonamos a nosotros mismos.


Curiosamente, cuando viajamos en un avión y cae la mascarilla de oxígeno, siempre nos indican lo mismo: primero póntela tú y después ayuda a quien tengas al lado. Resulta evidente porque si tú no puedes respirar, difícilmente podrás ayudar a otra persona.



Sin embargo, en la vida cotidiana actuamos muchas veces justo al revés. Intentamos cuidar, sostener, responder, acompañar y llegar a todo sin preguntarnos cómo estamos nosotros.

Recuperar el equilibrio

No se trata de dejar de ser responsables ni de renunciar a nuestras metas. Se trata de construir una relación más saludable con ellas.


Un primer paso importante es observar cómo nos hablamos. Muchas veces no solo sufrimos por lo que ocurre, sino por la forma en la que nos tratamos cuando no llegamos a todo. 


Existe un antiguo cuento popular que ilustra muy bien esta lucha interna:


Un anciano le explica a su nieto que dentro de cada persona viven dos lobos. Uno representa el miedo, la culpa, la crítica constante, la vergüenza y la exigencia. El otro representa la calma, la esperanza, la gratitud, la serenidad y la compasión.


Los dos están luchando continuamente.

El nieto pregunta:

—¿Y cuál gana?

El anciano responde:

—Aquel al que alimentas cada día.

Alimentar la voz compasiva no significa engañarnos ni repetir frases positivas que no creemos. Imaginemos que llegamos al final del día y la casa sigue desordenada. No hemos terminado todo lo que habíamos planeado.


La voz crítica diría: “Eres un desastre. Nunca llegas a todo”.


La voz positiva impostada diría: “No pasa nada, todo está perfecto”.


Pero probablemente ninguna de las dos nos resulte útil.


La voz compasiva sería diferente: “Hoy no he llegado a todo. Es verdad. Me habría gustado hacerlo mejor, pero también venía cansada y el día no daba para más”.


La compasión no consiste en negar la realidad, sino en dejar de convertir cada error en una condena contra nosotros mismos.

Tres formas de hablarnos

Voz crítica Voz positiva impostada Voz compasiva
"Soy un desastre." "Todo está perfecto." "Hoy no he llegado a todo y está bien reconocerlo sin machacarme."

Un segundo paso para recuperar el equilibrio consiste en mirar nuestra agenda. En muchas ocasiones está llena de obligaciones: tengo que trabajar, tengo que llamar, tengo que hacer la compra, tengo que responder este correo, tengo que entrenar…


Pero rara vez encontramos espacio reservado para el placer: un paseo sin prisas, tomar un café tranquilamente, leer unas páginas de un libro, ver un atardecer, quedar con alguien simplemente porque nos apetece o descansar.


Y, sin embargo, esas actividades no son un premio que tengamos que ganarnos después de haber cumplido con todo. Son necesidades humanas. 



Quizá una buena idea sea reservar un color diferente en la agenda para ellas. Igual que anotamos nuestras obligaciones, podemos anotar también aquello que nos conecta con la vida.


Porque si esperamos a tener todo terminado para permitirnos descansar, probablemente ese momento nunca llegará.

Vivir no consiste únicamente en producir

Vivimos en una sociedad que premia la productividad, la rapidez y el rendimiento. A veces parece que descansar es perder el tiempo o que nuestro valor depende de cuánto hacemos.


Pero una vida plena no se construye únicamente acumulando tareas completadas, también se construye disfrutando de una conversación, compartiendo una comida, dando un paseo, riéndonos con alguien o simplemente permitiéndonos parar.


La autoexigencia deja de ser útil cuando nos hace creer que nunca somos suficientes. Aprender a tratarnos con más compasión no significa conformarnos, sino reconocer que nuestro valor como personas nunca debería depender únicamente de nuestra capacidad para producir.


Porque quizá la pregunta más importante no sea cuánto has hecho hoy.



Sino cómo has vivido el tiempo que has tenido.

Marta Doallo

Psicóloga General Sanitaria

16 de junio de 2026
La Terapia Breve Estratégica (TBE) tiene sus raíces en la escuela de Palo Alto, en California, especialmente en el trabajo desarrollado en el Mental Research Institute, donde autores como Paul Watzlawick, Richard Fisch y John Weakland comenzaron a cuestionar la idea de que para resolver un problema psicológico siempre
Woman in a yellow jacket holding a purple watering can toward a small plant with flowers and clouds in her shirt design
Por María Rebollo Psicología 9 de junio de 2026
Muchas veces pensamos que alguien que tiene autoestima es alguien que es seguro de sí mismo, que se cuida, que no tiene miedos o inseguridades…
Silueta de un escalador ascendiendo por una empinada cresta montañosa al amanecer.
Por María Rebollo Psicología 26 de mayo de 2026
De la acción a la motivación
6 de mayo de 2026
A partir de los tres estilos de apego propuestos por Mary Ainsworth, las autoras Mary Main y Judith Salomon propusieron un cuarto patrón de apego. De esta manera, encontramos dos clasificaciones generales: apego seguro y apego inseguro.
Terapeuta y paciente en sillas; los globos de pensamiento muestran confusión y claridad. Sillas amarillas, planta.
3 de diciembre de 2025
En los últimos años se ha hablado más de salud mental. El malestar psicológico va liberándose del estigma tradicional y es más frecuente recibir la recomendación de acudir a un terapeuta. Si la psicología es recomendada y buscada, la psiquiatría tiende a generar reacciones de lo más diversas . Lamentablemente he podido comprobar cómo muchas experiencias con la psiquiatría llegan a ser dolorosas o negativas, generando a nivel de la sociedad una cierta duda y alerta. Mi objetivo aquí es dirigirme tanto a aquellas personas para las cuales la psiquiatría sea algo desconocido como para aquellas cuyo contacto previo no haya sido positivo. La psiquiatría es una especialidad dentro de la medicina, los psiquiatras nos formamos como médicos generales y posteriormente de manera específica para atender la patología y la salud mental . Cada especialidad surge en respuesta a una necesidad de la sociedad, un conjunto de cuadros y síntomas que merecen atención especial. En este caso incluiría problemas de ánimo, ansiedad, adicciones, síntomas psicóticos, insomnio, inestabilidad emocional y un largo etcétera. Dentro de la atención global a la salud mental, el psiquiatra trabaja junto a psicología, enfermería, trabajo social y terapeutas ocupacionales entre otros profesionales . Estamos en hospitales, en ambulatorios y en consultas. Nos formamos en psicoterapia para ampliar el repertorio de herramientas que poner a disposición de quien consulte. Mediante una entrevista clínica exhaustiva realizamos diagnósticos y aplicamos los tratamientos con aval científico buscando la mejoría o remisión de los síntomas. Si tienes experiencias previas, ya sean positivas o negativas, en enmí ofrecemos un espacio adaptado a tus necesidades para iniciar o mantener un seguimiento en un espacio acogedor, donde poder ser partícipe del proceso diagnóstico y de tratamiento. Si no has tenido contacto previo con la psiquiatría, una valoración cuidadosa e integral te permitirá saber si te puedes beneficiar de las herramientas adicionales que puede aportar y en resolver las dudas que suelen acompañar al malestar, de cara a marcar un camino hacia la recuperación. El propósito de la psiquiatría es ayudar a quien lo necesite . No implica tomar tratamientos que sienten mal o asignar etiquetas sin propósito. El seguimiento puede ser un complemento sinérgico con la intervención psicoterapéutica previa o el punto de partida para una evaluación integral y elaborar una hoja de ruta. Ya seas nuevo o veterano, te invito a tener una buena experiencia con la psiquiatría. Jorge de Miguel Psicólogo de enmí
Una pareja en un sofá parece estar discutiendo. La mujer parece angustiada, mientras que el hombre gesticula con enojo.
20 de noviembre de 2025
La negación es un mecanismo de defensa natural. Minimizar lo que ocurre, justificar a la pareja o culparse es muy común. (“Seguro que he exagerado”, “Si no hubiera dicho nada, no habría reaccionado así”, “Yo he hecho que se ponga así, la próxima vez tendré más cuidado”) Pero para protegerte, necesitas recuperar la claridad :