De la acción a la motivación

María Rebollo Psicología • 26 de mayo de 2026

De la acción a la motivación

La motivación es un motor, es la fuerza interna o externa que nos impulsa a actuar, pero no todas las personas experimentan la motivación igual ni esta surge en ellos siempre en el mismo momento.


Existe la creencia popular de que para poder actuar, debemos sentirnos motivados, la realidad es que no es todo tan sencillo. Si únicamente visualizamos la motivación como un rayo de energía que nos anima a realizar una acción, estamos confundidos, en cualquier caso es la propia acción la que nos va a generar motivación y no al revés. 


Si sólo actuamos cuando nos apetece, es probable que tendamos a postergar las tareas de forma indefinida, debido a que la realidad es que nuestro cerebro busca ahorrar energía evitando el esfuerzo. Si una tarea requiere cierta activación, es normal que no aparezcan las ganas para hacerlo. 

· No esperes a tener ganas para empezar; es el hecho de actuar lo que activa la energía y el interés.

· Es natural sentir resistencia o falta de ganas iniciales, nuestra mente tiende a evitar el esfuerzo. 

Cuando posponemos tareas y procrastinamos, lo que realmente estamos haciendo es priorizar ese alivio momentáneo que conlleva el no hacerlo, antes que el beneficio a largo plazo que conlleva el sí hacerlo. 


  • La trampa de la procrastinación

Resulta muy común castigar la procrastinación, como si ésta se tratase de un defecto o una falta de voluntad, cuando realmente la procrastinación puede tener una función protectora: es un mecanismo defensivo del cerebro para alejarnos de una amenaza percibida. 


Dicha amenaza no es la tarea en sí, sino son las emociones y pensamientos que nos genera llevarla a cabo: ansiedad, inseguridad, insuficiencia, miedo al fracaso, aburrimiento … Es decir, procrastinamos para protegernos del malestar emocional que nos conlleva realizar la acción.


Por ejemplo, si me quedo en casa cuando tengo que ir a clase de piano, puede darse que dicha procrastinación aparezca para protegerme, para que yo no me enfrente al habitual malestar que siento cuando salgo de piano y no he rendido en la clase tanto como me hubiera gustado. 

· La procrastinación es una defensa ante una amenaza. 

· No evitamos la tarea en sí, sino las emociones que nos genera. 

Pero… ¿por qué seguimos y seguimos procrastinando? Algo clave en la psicología es el refuerzo negativo, este explica que aumenta la probabilidad de que una conducta se repita si se elimina algo desagradable. En este caso, la procrastinación se repite y se mantiene en el tiempo debido a que evitamos el miedo a enfrentarnos a la acción y a su posible consecuencia emocional. 


En resumen, nuestro cerebro tiende a protegernos de aquello que percibe como una posible amenaza, ya sea por protegernos de la incomodidad de realizar una tarea o ya sea por protegernos del malestar que pueda aparecer al llevarla a cabo. Por ello, procrastinar hace que nos sintamos momentáneamente en un descanso en el que la incertidumbre y la intranquilidad que sentimos ante la acción no tienen tanta presencia. El problema se encuentra en que esta sensación es únicamente un alivio momentáneo, más tarde vuelve a aparecer la culpa por no haberla realizado y el estrés de tener que enfrentarse de nuevo a todo esto. De esta forma, se sigue reforzando el bloqueo al iniciar una tarea, por ende, debemos aprender que procrastinar no es la solución más beneficiosa a largo plazo. 

  • No negociar, no pensar. 

En el momento en el que pensamos y negociamos con nuestra mente, hemos perdido. La mente siempre priorizará aquella opción que menos energía consuma y en la que antes encuentre un alivio rápido (evitar el estrés a corto plazo). 



Por ejemplo, cuando aparece el “que pereza salir a hacer la compra”, se genera en nosotros un debate interno: “bueno mejor voy mañana porque hoy no me apetece mucho”. La clave no es dejar de tener estos pensamientos porque no dependen de nosotros, son automáticos. Sino que la clave se encuentra en dejar de darles validez como si fueran quienes dirigen nuestras conductas.

· Los pensamientos de pereza son automáticos e inevitables; la clave es dejar de darles validez y no permitir que dirijan nuestra conducta. 

Para entender esto mejor, imaginémonos que es agosto y estamos en la toalla en el césped, pasando un calor asfixiante, existe la posibilidad de cambiar esta situación si nos metemos en la piscina, esta es nuestra motivación. Nos dirigimos al borde para entrar al agua y aparece el pensamiento saboteador de “va a estar congelada, ¡qué pereza!”. La realidad es que por mucho que lo pienses, el agua va a estar igual de fría, ese pensamiento no cambia la realidad de la temperatura del agua, pero sí cambia nuestra experiencia y retrasa el alivio. Se repite la historia, el secreto está en no negociar, no pensarlo, no debatirlo, solo hacerlo. 


  • ¿De qué me aleja el pensamiento?

En muchas ocasiones no somos conscientes de que el pensamiento no solo incluye en la interpretación de la situación, sino que, también, nos aleja de aquello que pretendemos conseguir. En el momento en el que aparece un “ya lo haré mañana”, un “va a salir mal” o un “ahora no tengo muchas ganas”, nuestra atención se aleja de la acción para centrarse en el malestar momentáneo. El problema no es que aparezcan estos pensamientos, sino que el problema es el lugar que les damos. 


Cada vez que postergamos, nos alejamos un poco más de aquello que queremos conseguir: hábitos, objetivos, aprendizaje, autoestima, tranquilidad … El pensamiento intrusivo nos convence de evitar el malestar, al mismo tiempo que renunciamos a nuestro bienestar futuro.

· El pensamiento nos aleja de nuestros objetivos porque prioriza el alivio sobre la satisfacción del futuro logro, convirtiendo una simple duda en una barrera que detiene nuestra acción.

En definitiva, no se trata de esperar a sentirnos motivados sino que se trata de no negociar y de aprender a actuar a pesar de la incomodidad para, así, comenzar a cultivar la motivación. Muchas veces aquello que más ansiamos conseguir, comienza en el momento en el que dejamos de obedecer a los pensamientos que nos invitan a evitar hacerlo. Si conseguimos hacerlo, la motivación por seguir no solo aparecerá sino que se mantendrá en el tiempo. 

Sandra Freire Fernández. 


Bibliografía: 

· Alies Psicólogos. (s. f.). Procrastinación: Las causas psicológicas que te impiden actuar (y cómo superarlas). 

https://alies.es/procastrinacion-causas-psicologicas-como-superarlas/ 

· Díaz-Morales, J. (2019). Procrastinación: una revisión de su medida y sus correlatos. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación-e Avaliação Psicológica, 2(51). 

· Garzón Umerenkova, A., & Gil Flores, J. (2022). Experiencias y emociones sobre la procrastinación en alumnado universitario con diferentes niveles de riesgo académico. 

· Lieberman, C. (26 de marzo de 2019). Por qué procrastinamos (no es por cuestión de gestión de tiempo). The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2019/03/26/espanol/como-evitar-la-procrastinacion.html

· Morales, N. (17 de enero de 2024). Antes de abandonar, trata de dejar ir el esfuerzo no negociable. Psychology Today.

https://www.psychologytoday.com/es/blog/antes-de-abandonar-trata-dejar-ir-el-esfuerzo-no-negociable

· Navia, V. E. T., & Cepeda, M. C. V. (2023). Procrastinación académica y regulación emocional en estudiantes universitarios: Academic procrastination and emotional regulation in university students. Latam: revista latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, 4(2), 190.

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A partir de los tres estilos de apego propuestos por Mary Ainsworth, las autoras Mary Main y Judith Salomon propusieron un cuarto patrón de apego. De esta manera, encontramos dos clasificaciones generales: apego seguro y apego inseguro.
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